Nico Sorin

Nico Sorin: #005

Nico Sorín nunca encajó del todo en un solo lugar. Músico, compositor, productor y director de orquesta, su recorrido es el de alguien que entendió desde temprano que la identidad artística no se define por una etiqueta, sino por la capacidad de moverse entre lenguajes. En una escena que suele segmentar géneros, Sorin construyó una obra donde conviven la electrónica, la música sinfónica y la experimentación audiovisual con una naturalidad poco frecuente.

MAESTRO MAYOR DE OBRAS

A lo largo de los años, Sorin fue dando forma a proyectos que reflejan esa búsqueda constante. Desde Octafonic —una banda que supo mezclar rock, jazz y electrónica con una impronta potente y contemporánea— hasta sus trabajos como compositor de bandas sonoras y director de orquesta, su carrera se consolidó como un territorio híbrido. También desarrolló proyectos solistas y colaboraciones con artistas de distintas disciplinas, construyendo un perfil versátil que escapa a cualquier clasificación rígida.

En esa misma línea de cruce entre tradición y vanguardia, uno de sus proyectos más resonantes fue “Piazzolla Electrónico”, una reinterpretación contemporánea de la obra de Astor Piazzolla. Lejos de caer en el homenaje literal, Sorin propuso una relectura donde la electrónica dialoga con el ADN del tango nuevo, respetando su intensidad dramática pero trasladándola a un nuevo contexto sonoro.

“Quería ser igual o más irreverente que Piazzolla”, le confiesa a ROOM, en plena charla para la tapa de la edición #005. El proyecto funcionó como un puente entre generaciones: acercó la obra de Piazzolla a públicos más jóvenes y, al mismo tiempo, abrió una conversación sobre la evolución de la música argentina en clave global.

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Sus primeros pasos estuvieron atravesados por una formación musical rigurosa y un entorno creativo estimulante. Hijo del director de cine Carlos Sorin, creció rodeado de imágenes, relatos y sensibilidad artística. Su curiosidad, también, lo llevó a estudiar y perfeccionarse en distintos ámbitos, tanto en la Argentina como en Berklee College of Music, en Boston, ampliando un lenguaje que nunca dejó de expandirse.

Pero lejos de quedar encapsulado en una tradición más académica, desarrolló un costado disruptivo, casi punk, que hoy resulta inusual dentro del mundo de la dirección orquestal. Esa tensión entre disciplina y rebeldía se convirtió en uno de los rasgos más distintivos de su identidad.

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